-Y si…

-Que no, hombre que no.

-Ya, pero ¿y si es que sí?

-Pues ya se verá entonces, de todos modos creo más en que será que no.

-Haber posibilidades hailas y, habiéndolas pues, quién te dice a ti que no.

-Lo digo yo.

-Tú es que eres muy negativo.

-Yo diría al contrario: tratándose de este asunto, un no es positivo; el negativo eres tú, que piensas que sí.

-Mira, yo solo digo que podría pasar.

-Y yo digo que no pasará.

-Pero imagina que pasa.

-Pues imagina tú que no.

-¿Y si estamos haciendo el ridículo?

-Eso ya está pasando, no lo dudes.

-Bueno, pero me refiero a hacer más ridículo todavía.

-Siempre hay margen...

-Además, la última vez también dijiste que no…

-Y tenía razón, ¿o no?

-Bueno… casi.

-Ese “casi” suena a fracaso.

-Es que tú nunca arriesgas.

-Y tú te arriesgas hasta cuando no hay nada que perder ni ganar.

-La vida favorece a los valientes.

-Sí, y las estadísticas a los prudentes.

-De todas formas, si luego resulta que sí…

-Diré que siempre confié.

-¡Ah! O sea que te reservas el derecho a cambiar de opinión.

-Eso no es cambiar de opinión, eso es evolucionar, y estrategia. hailas, y habiéndolas pues quién te dice a ti que no.

-Pues yo sigo pensando que sí.

-Y yo sigo pensando que no.

-¿Cómo lo solucionamos?

-¿Lo comprobamos?

-Ni hablar.

-¿Por qué?

-Porque mientras no lo comprobemos todavía puedo tener razón.

-Además, hay factores que no estamos teniendo en cuenta.

-¿Qué factores?

-Pues los factores… los factores.

-Eso no aclara nada.

-Por eso son importantes.

-Mira, hagamos una cosa lógica.

-Ya empezamos mal.

-Supongamos que ocurre.

-No.       

-¿Cómo que no?

-Me niego a suponer algo que contradice mi postura. Tengo principios.

-Tus principios cambian cada cinco minutos.

-O se adaptan al contexto; es ciencia.

-Vale, pues pensemos al revés.

-¿Cómo al revés?

-Si no ocurre… entonces podría haber ocurrido.

-Eso no tiene sentido.

-Exacto, ahí está la clave, ¿qué tiene sentido hoy día?

-¿Sobre qué?

-Sobre esto.

-¿De hoy o de Cuándo?

-Sobre lo de antes.

-¿Antes de qué?

-De ahora.

-Entonces… ¿estamos discutiendo sobre algo que ya ocurrió, o aún peor… sobre algo que nunca va a ocurrir?

-Eso sería gravísimo.

-Sí, sobre todo por el tiempo que estamos perdiendo.

-O ganando.

-No, un momento.

-¿Qué?

-¿Y si no sabemos de qué hablamos porque en realidad no existe?

-¿Insinúas que llevamos media hora defendiendo posturas opuestas sobre algo que no existe?

-No lo insinuó, lo afirmo.

-Pues yo sigo teniendo razón.

-¿Sobre qué?

-Sobre que tú no la tienes.

-Entonces, ¿queda decidido?

-¿El qué?

-Que hasta que no se demuestre lo contrario, podría ser que sí… siempre y cuando probablemente sea que no.

-Me parece razonable.

-Totalmente.

-Ambos se marchan satisfechos-.

-Uno vuelve la cabeza-

-Oye…

-¿Qué?

-¿Y si…?

-Que no, que no… Mañana seguimos.

-Bueno, vale, mañana seguimos.

-Perfecto. Pero mañana ya será distinto.

-¿El qué? ¿Por qué?

-Porque hoy todavía podría ser que sí. Mañana ya será un “A lo mejor”un “Quizás”un “Tal vez” un “igual nunca se volverá a hablar de eso”.

-Oye…

-¿Otra vez?

-¿Y si alguien nos está escuchando?

-Imposible. Nadie seguiría esta conversación voluntariamente.

-Imagínate que hay expertos analizando...

-¿Expertos en qué?

-Expertos en lo nuestro.

-¿Lo nuestro tiene expertos?

-Si no los hay, debería haberlos.

-Pero… ¿Nosotros estamos diagnosticaos?

-Todavía no, pero es cuestión de tiempo.

-A ver si resulta que lo estamos enfocando mal desde el principio.

-¿Y cuál era el principio?

-Y si… no lo recuerdo.

-Entonces no podemos estar errados.

-Doy fe.

-Fe… ¿De qué?

-Fe de erratas.

-¿Por qué no hacemos una prueba que resulte definitiva?

-Vale. ¿Cuál?

-Contamos hasta tres y decidimos.

-Venga, vamos.

-Uno…

-Dos…

Se quedaron callados.

-¿Y tres?

-No puedo.

-¿Por qué?

-Porque después de tres habrá consecuencias.

-Tienes razón. Mejor quedarnos en dos. El dos es mucho más seguro.

-Y no nos compromete a ninguno.

-¿Sabes qué es lo peor?

-¿El qué?

-Que si al final resulta que sí, todo esto habrá tenido sentido.

-Y si resulta que no…

-También, porque habremos evitado algo.

-¿El qué?

-Pues… eso, una fe de erratas.

-Creo que hemos alcanzado un nivel superior de comprensión.

-Sí. Ya no entiendo absolutamente nada.

-Eso es porque estamos progresando.

-¡Un momento!

-¿Qué pasa ahora?

-¿Y si la verdadera cuestión nunca fue si sí o si no… sino si nos lo deberíamos estar preguntando?

-Eso lo cambia todo.

-¿El qué?

-No lo sé, pero lo cambia.

-Entonces… ¿cancelamos la duda?

-No podemos.

-¿Por qué?

-Porque sin duda… ¿de qué hablaríamos?

-Uf, eso da para años.

-Escucha… una última cosa.

-Dime.

-¿Seguro que empezamos nosotros esta conversación?

-Ahora que lo dices… igual ya estaba empezada cuando llegamos.

                           

Ambos cayeron por un momento en un profundo silencio, vigilando de reojo sus propias ideas, no fuera a ser que alguna se escapara.

-Te digo una cosa…

-No, por Dios...

-Creo que la duda nos está siguiendo.

-¿La notas?

-Sí… es como un “y si…”

-Es como un sindios, que no acaba nunca.

-Doy fe.

-¿Fe de qué?

-De ratas.

-¿No será de erratas?

-Pues sí, y creo que lo hemos creado nosotros.

-Esto se nos ha ido de las manos.

-Nunca debimos pasar del dos.

-Que no, hombre que no. 

-Ya, pero; ¿Y si…?

Estaban otra vez como al principio, exactamente en el mismo sitio, con la misma conversación comenzando de nuevo.

-Oye…

¿Qué?

-¿Y si ya hemos tenido esta conversación?

-Pues ya se verá entonces si… aunque creo más en que será que no.

-De repente, uno de ellos, cualquiera de los dos, tomó la decisión de tomar el mando, y pulsó el botón de silencio del televisor.

              

02/03/2026

Pedro Parrina

moreno linares b