
Guorl Guay Gueb Extremeños punto Es -GGG.EXTREMEÑOS.EXT-
Yo m’entiendo, tú m’entiendes, nosotros nos entendemos y nos jacemos de entendé.
Y es que, vamos a ve, un extremeño pué palrá y escribil como le venga en gana que, al fin y al cabo, lo que pretende es comunicá y comunicalse con los demás, y se jace de entendé, y si no nos entienden, pues…ggg. Porque semos hombres y mujeres de palabra; dichas, escritas, hechas y habladas, con y desde el corazón.
Tenemos un lenguaje verbal propio, que acompañamos con sonidos y gestos únicos, que llevamos y sacamos desde los más adentros de nosotros mesmos, y son nuestra razón de ser, una de nuestras señas de identidá.
Semos versátiles a más a no poé. Nos adaptamos a cualquier ambiente y circunstancia, ya sea rural o urbano, campestre o mundano, nacional o extranjero, incluso a interné, porque chapurreamos cualquier idioma, y si no se adaptan a nosotros, nos adaptamos nosotros a ellos. Porque nosotros nos sabemos vendel.
Tenemos tuiter, istagran y feisbu… semos extremeños por España y por el mundo.
Pa recalcá y no dejá duda nenguna sobre lo que queremos comunicá con nuestros mensajes, los acompañamos también de gestos únicos y exclusivos: con las manos, pa’lante y pa’tras, al unísono, juntas y separás, una delante y otra detrás… Con la cabeza, a derechas y a izquierdas, barbilla pa’arriba y barbilla pa’bajo… Con los ojos abiertos o entreabiertos o casi cerraos, a la hora la siesta. Pa un lao o pal otro lao, de frente o de reojo. Y en caso de necesiá, o en defensa propia, tamién con las piernas y los pies, porque una buena patá nunca está de más-. Porque teneís que tené de seguro que, si nos buscáis, nos vais a encontrá.
Los extremeños tenemos un punto con: los andaluces, con los castellanos, con los leoneses, con los asturianos, con los gallegos, con los portugueses…, tenemos un punto con nuestro habla, con nuestra manera de vivir, de sentir y de buscarnos la vida.
Tenemos un punto con (.com) y un punto ext (.ext) que también existe, en interné.
Los extremeños semos un gran pueblo, disperso, eso sí, diverso, también, y estamos mu esparcíos, pero… ni semos catetos, ni semos paletos, ni semos incultos, porque inculto es quien no sabe, y nosotros de saber, sabemos mucho, pero que mucho, sobre todo de adaptarnos a las adversidades y a las circunstancias, es decir; ser resilientes, que eso es de ser inteligentes.
Semos grandes en historia, semos cultura de la güena, semos afamaos pintores y arquitectos, semos descubriores, y oleores y enreas, y semos escritores y semos poetas, semos castúos, semos gastronomía de nuestras madres y agüelas, no semos chorizos, pero los tenemos, y de los mejores, y tenemos salchichones y morcillas y pestiños y perrunillas y jamón de bellotas y paletas y grandes vinos y tomates y cerezas y…
Semos güenos, semos probes, en algunas cosas, y ricos, en otras, semos honraos, semos justos, semos complicadamente sencillos, semos extraordinariamente frecuentes, semos certeros, semos asina; un pueblo de palabra, con mayúsculas, y enque estemos dispersos por España y por el mundo, aún asín, seguimos y seguiremos siendo… belloteros y mangurrinos, el gran pueblo extremeño.
Madrid, 20 de mayo de 2021
Pedro Moreno «Parrina»
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BENDITOS INGENUOS
“La queja late en la profundidad de la tierra extremeña”.

Hace años que guardaba esta foto, hasta la fecha no me había atrevido a compartirla porque eran, son, muchas las preguntas que me surgen al verla y no podía compartirla sin más. Merece reflexión y exámenes de conciencias.
El personaje lanza una mirada desafiante a nuestra capacidad de conmoción, a nuestra responsabilidad y, tal vez, a nuestro sentido de culpabilidad. No podemos por menos que plantearnos preguntas, buscar respuestas y evitar, por encima de nuestras posibilidades, que vuelvan a producirse imágenes como estas en nuestra querida tierra.
Representa a la miseria más absoluta: la corporal, como se muestra en la fotografía, y la espiritual de quienes lo consentían. Y sí, no eran pocos estos benditos, en Extremadura y en otras regiones españolas, hasta bien avanzado el siglo veinte.
Es en sí misma, y en parte, respuesta al porqué de la emigración extremeña.
Ganas dan de preguntarle ¿dónde vas?, ¿qué haces aquí?, ¿dónde vives?, ¿por qué…, por qué…, por qué…? Pero sería como preguntarle a la liebre, al lobo, a la oveja…, formaban parte del paisaje, de la fauna, de la sociedad extremeña.
Y para ello, para ellos, tal vez no hubiese, no hay, una respuesta moral ni ética.
Entraña una mirada a la miseria, a la humildad, a la adversidad y, por qué no decirlo, a la soberbia de, algunos y algunas, señoritingas y señoritingos de aquella época.
Nacían con el sello de «Pobres», «Indigentes», «Ignorantes»; se les negaba la posibilidad de acceso a cualquier oportunidad de mejora y a las necesidades mínimas y básicas a las que cualquier ser humano debía tener derecho.
Se les negaba, sobre todo, el acceso al estudio, al conocimiento; incluso al de ellos mismos, al discernimiento, la razón, la crítica, el enfrentamiento, la oposición… Eran sometidos a un oscurantismo opresor y autoritario.
No eran «Santos Inocentes» sino ingenuos; benditos maldecidos, condenados y educados para la ignorancia; malaventurados de necesidad y obligatoriedad; convictos de por vida de la carencia, la escasez y la penuria.
Eran reos de su adversidad y vasallos de la prosperidad de una reducida parte de la sociedad rica, clasista y de escasa moral, que también quizá por ignorancia, costumbre o dictámenes de sus propias leyes, se regía por valores basados, en no sé si decir interesados, en erróneas o malintencionadas, interpretaciones de la vida cristiana.
Porque mientras estos personajes vagaban procurando su subsistencia y se esforzaban aún más en procurar la de sus amos, los caciques rogaban a Dios por el perdón de sus pecados.
Madrid, 23 de marzo de 2021
Pedro Moreno «Parrina»
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