HABLEMOS DE «ESO»

Cochinás y guarrerías.

Decía la agüela Prudencia que ella no era una buscona; que estuvo viéndose con un muchacho durante unos años sin que le pusiera un deo encima, sin que la manoseara; que lo conoció en el baile por las fiestas de San Antón; que se arrimó a ella y que antis de la dijiera ná le dijo que ni se le ocurriera…; que qué se había llegao a pensá aquel mozu –mi abuelo-; que le paecía que iba mu lanzao; que antis tenían que palrá pa sabé de qué familia venía y si tenía posibles, y que asina estuvieron, hablando por ocho años.

Que había que llevá siempre bien recogías y tapás las vergüenzas -decía- que son to lo que está alreor de la entrepierna: de canalillo pa’bajo y de roillas pa’rriba.

Que a los niños los traen las cigüeñas y vienin de Paris.

-A los niños los traen la partera y vienen de parir –replicó Vinicio en voz alta: que no eran cuestión de tapá las vergüenzas, sino de perdeilas y de tené pacencia.

Que las mujeres tienen a los laos de la jorcaúra –la entrepierna- dos bocas sin dientes, y los hombris una; que a esos de la jorcaúra les cuelga el trabuco y de ahí se descuelgan los pelendengues.

-No enseñes esas cosas al niño, Vinicio, eso son cochinás y guarrerías –protestaba la abuela Prudencia-.

-A eso que tú dices asín, le llamo yo: hortalizas y golosinas -el abuelo-.

A vé Jacintino, dili a la agüela lo que ta enseñao-

-Caca, culo, pedo, pis. –Me apresuraba a recitar, entre risas-

-Que no le enseñes esas cosas al niño, que’s mu chico.

-¿Cuáles son las hortalizas y golosinas, abuelo?

-La minga, las domingas, los chochos, las castañas, los altramuces, los nabos, los melones,... –interrumpido por los gritos-

-Esti jombri siempre pensando en el metesaca, eso son cochinás y guarrerías.

Entonces mi abuelo me apartaba a una habitación o al patio de la casa y continuaba su retajila… -Pa tené niños hay que jacé el metesaca, y el gustino es lo que le entra a uno y a una cuando están jaciendo el amor”, aunque el amor no se jace, el amor nos jace.

Cuántas veces habremos escuchado: ¡Eso no se pregunta! ¡De eso no se habla! ¡Ya te enterarás cuando seas mayor! «Eso» de lo que te ibas enterando por hermanos mayores o amigos cuando estabas en la edad de interesarte e investigar por aquello de lo que casi nunca se hablaba, o no, al menos, de forma clara, y menos aún en público. Lo más se susurraba, se dejaban entrever, y si hacías alguna pregunta al respecto o mostrabas interés; te mandaban callar y la respuesta se quedaba en la boca, a no ser que tuvieras un abuelo como el Vinicio.

 

Madrid, 28 de septiembre de 2020

Pedro Moreno «Parrina»

 

Algunas de estas palabras las he rescatado del excelente diccionario dialectal de Peraleda de la Mata que está en internet: https://raicesperaleda/diccionario>

 

ASINA SEMOS LOS EXTREMEÑOS

Somos enreas por naturaleza, asina semos, diferentes al resto de españoles; extremeños.

Porque a vé… ¿Quiénes son los únicos que podemos andar empeletes? Estamos empeletes, en sus dos acepciones principales: en el sentío de desnúos —en pelotas— y en el de desatendíos; faltos o carentes, no de recursos que nos sobran, sino de atención institucional y de servicios públicos, infraestructuras principalmente, y eso nos reconcome.

Porque semos humildes, sin simulaciones o falsedades, gente sana, sin máscaras, sin aspavientos ni alharacas, porque no tenemos ansias, sino ganas de tranquiliá.

¡Qué arriscaos semos! Lo que nos gusta salir a dar un garbeo, o ir de pingoneo con los amigos, o con el novio, bien escachapaos, con los pingos relimpios, sobre to los de los domingos, incluía la muda interior, a ser posible nueva, y escamondaos de pies a cabeza, restregaos hasta detrás de las orejas, como Dios manda.

¡Semos mu enreas! No partimos un todo en trozos o en pedazos, sino en cachos, y estos en chachinos, con las manos, y hacemos trocinos ¡tan chiquininos! que se quedan en miajinas de ná, como el pan pa las migas, que nos gusta jimplar, acompañaos de amigos, y de vecinos, y de unos jigos, y unos torreznos, y un chato vino.

Nusotros semos asín. No nos enviciamos; nos empicamos, y nos desempican con dos guantás bien das, aunque nos caldeemos o nos enfurruñemos.

Lo primero es el respeto y andispué; a aguantá y a callá.

¡Y lo que nos gusta golisnear! —nuestro afán descubridor—. Los extremeños semos enreas por naturaleza, y emigramos si hay necesiá, nos encanta atrochar por las dehesas, por los caminos, por las vereas, incluso por el mar, tanto es asina que por llegar antes a las Indias llegamos a las Américas. ¡Ahí es ná!

 


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