EL EXTREMEÑO,

LA LENGUA DE NUESTROS PENSAMIENTOS Y SUEÑOS.

EL DESPERTAR A UNA SENSIBILIDAD CULTURAL QUE NOS AUNA.

 

Todas las variedades de una lengua son igualmente perfectas, en el sentido que son válidas para las necesidades de las sociedades que las utilizan”. (Axioma del lenguaje).

Los extremeños tenemos varias lenguas: A fala, el portugués rayano y una en particular más extendida: el extremeño o l’estremeñu -castúo- en sus más diversas variedades dialectales y/o regionales que nos ha permitido, y nos permite, entendernos, comunicarnos con nuestros vecinos, ya sea en un pueblo, ciudad, región…, y que nos distingue de las demás nacionalidades, precisamente, por nuestro modo de hablar, por nuestra forma de expresarnos y por las particularidades de nuestro habla, que transmiten la manera de sentir y de hacernos sentir de los extremeños.

El lenguaje humano no es un don natural, sino una capacidad que se adquiere, se aprende. Es el medio de comunicación más completo y complejo que se conoce. La forma hablada es la forma más natural del lenguaje, que se favorece y se enriquece subsiguientemente de la forma escrita”. (Manuel Seco, de la RAE)

En Extremadura no se nos ha dado la oportunidad de enriquecer nuestra lengua a través de la forma escrita, sino que se nos educó para la escritura en español-castellano, produciéndose en muchos casos el sentimiento o creencia de que nuestro habla popular, nuestra manera de expresarnos, el de las gentes de nuestros pueblos, era una lengua de incultos, de pobres, de paletos, de analfabetos...

Cualquier colectividad extremeña, pequeña o grande, tiene una norma hablada, implícita e intuitiva, por la que se rige su variedad de lengua. La tienen los vecinos de un pueblo que se burlan de los del pueblo de al lado porque estos no hablan como ellos, los de una provincia respecto a los de la otra de nuestra Comunidad Autónoma, e incluso, con los demás territorios nacionales, porque aunque utilizamos el mismo idioma, sentimos y sienten nuestras diferencias en el modo de hablar.

«En el habla expresamos nuestra personalidad»

“La expresión oral tiende a servirse de la forma local o regional de la lengua, y a mantener un tono espontáneo, distendido o informal; mientras que la expresión escrita procura, o debe procurar, desprenderse de esos localismos o regionalismos, utilizando modos de expresión más elaborados. Estas diferencias entre lo que se habla y lo que se escribe se deben a que cada forma de expresión, hablada o escrita, tiene una norma”.

La definición de norma, en sus acepciones lingüísticas, según el Diccionario de la Real Academia Española, en adelante (RAE) son: Conjunto de criterios lingüísticos que regulan el uso considerado correcto. Variante lingüística que se considera preferible por ser más culta.

La definición de culto, en su acepción lingüística (RAE) es: Palabra o expresión, sin evolución popular.

Según la RAE, la palabra “recuperar” es culta frente a la popular “recobrar”. Sin embargo, en extremeño, “recobrar” es la palabra culta que significa recuperar, esta última de escaso uso en nuestra lengua. Su evolución de lo popular sería “recobral”, tal vez, una forma descuidada; pero no inculta.

En lengua hablada no debe existir un uso correcto o incorrecto, perfecto o imperfecto, sino, en todo caso, apropiado, descuidado, educado, descortés, vulgar, popular, urbano…, y sobre todo, si existe es porque tiene un uso práctico; útil para la comunicación.

Ahora bien, “la norma de una lengua no se basa en las formas habladas, sino en las escritas. En comunicación oral, el nivel local o dialectal del lenguaje empleado, la escasa consistencia de sus estructuras y el alto grado de influencias de otras lenguas, deben ceder dominio a la norma escrita, por su estabilidad, su posibilidad de dotar de mayor precisión a los contenidos y su capacidad de seleccionar formas de expresión con un alcance espacial y temporal más extenso”. (Manuel Seco, de la RAE).

La norma está en la lengua escrita. El uso escrito de los hablantes cultos es el que debe establecer la norma de una lengua”. En nuestro caso particular, el extremeño, debemos considerar, establecer y apreciar un sentido culto de lo popular.

 

“La lengua materna es aquella en la que se piensa y se sueña”

El extremeño, en lengua literaria, no se ha despojado de lo local o regional. Debemos establecer, conocer y dar a conocer la norma escrita de nuestra lengua, normalizarla y normativizarla. Es necesario para todos. Dominarla es tanto más necesario cuanto mayor sea la implicación de una persona en la vida de la sociedad en la que vive, o a la que se considera que pertenece.

El aprendizaje de la norma de una lengua o idioma se adquiere fundamentalmente por medio de la enseñanza primaria y secundaria, formando parte de la cultura básica de los ciudadanos de cualquier región o país. Lamentablemente, en Extremadura, la formación de las lenguas extremeñas ha sido y continúa siendo casi inexistente…

Los escritores en extremeño, por el hecho de serlo, tenemos una gran responsabilidad respecto al idioma, respecto a los lectores y respecto a nosotros mismos, y debemos hacer un uso consciente de los sistemas de comunicación. “La educación lingüística no debe consistir, solamente, en inculcar la gramática, sino en despertar la sensibilidad para su idioma” (Pedro Salinas 1944).

La cultura popular permanece marginada y olvidada en el ritmo actual de las sociedades modernas.     

Por desgracia, el abandono en la formación de nuestra cultura y, por ende, de nuestras lenguas durante generaciones por parte de autoridades políticas y universitarias, ha desembocado en el alejamiento, el abandono, e incluso, la incapacidad de los ciudadanos para expresarse de forma oral, y para leer y entender su forma escrita.

La asimilación de una norma escrita debe ser la fuerza que nos cohesione y nos una, -ardua tarea, que no imposible- que despierte el interés por lo nuestro, que, por cierto, va en aumento. La asimilación debe ser paulatina y, aunque lenta, constante.

“Si el aliento a los idiomas estuviese confiado solamente a las personas cultas, todavía estaríamos hablando en latín”. (Alfonso Reyes)

Las lenguas no son realidades inmóviles, sino que cambian constantemente, al igual que los hablantes y las cosas, ese cambio en caso del extremeño debe ser un constante recobrar de nuestras estructuras idiomáticas, palabras y formas de expresión, en el sentido culto de lo popular, y dotarlas de estructuras normativas fijas.

“En dirección contraria a la tendencia natural a los cambios, actúa una tendencia racional a refrenarlos”. En nuestro caso es una tendencia racional y cultural, cuyo objetivo principal debe ser recobrar y condurar nuestra lengua.

El extremeño necesita de estabilidad ortográfica, el mantenimiento de una forma escrita con representación gráfica estable que actúe como seguro de unidad idiomática entre las diferentes estructuras dialectales, con dispares acentos regionales.

La letra, con su fijeza inmutable – decía Ángel Rosenblat (1948)-, es el lazo de unión a través de las generaciones y por encima de las diferencias de pronunciación.

La lengua oral, fracciona; la escrita, unifica.

Las diferentes variedades de escritura del extremeño crean más desconcierto que eficacia. Tal vez sea el ortográfico el único terreno en el que sería justificable “un conservadurismo” que, en caso del extremeño, sería una re-institución con carácter retroactivo.

La norma escrita es fruto de la labor creadora de los escritores que saben hacer un uso artístico del idioma que tienen por suyo.

Están surgiendo publicaciones literarias con las más variadas ortografías del extremeño que, si bien los lectores, de forma intuitiva, son capaces de comprender, también lo confunden, y fijan una idea de falta de rigor ortográfico de lo que es, o debe ser, una misma lengua, el extremeño, la nuestra.

“Un pueblo que tiene comprensión de su historia, la cristaliza en sus textos, en sus escritos. No tenemos otro medio de acercarnos a la Historia, sino a través del texto, bien sea escrito, artístico u oral. En cualquier caso se trata de la transmisión de la “tradición” que genera el prejuicio con el que un pueblo entiende su pasado y desde el que proyecta su futuro”.

«Verter el vino viejo en odres nuevos»

Tal es el empeño del Órgano de Seguimiento y Coordinación del Extremeño y la su Cultura (OSCEC), así como el de otros tantos escritores y escritoras que, en los últimos años han florecido con diferentes relatos y poemas en las más variadas hablas dialectales del extremeño.

Todos y cada uno de nosotros, los escritores, nos expresamos de una forma natural, la hablada, que transliteramos en escritos, según nuestros propios criterios, que si bien enriquecen la lengua, lo reconozco, y solo es mi opinión, pueden confundir a los lectores.

Aunar normas lingüísticas, normalizar y normativizar nuestro idioma -me es igual que se la denomine lengua o dialecto, porque todas las lenguas han sido dialectos de otras lenguas- debe ser nuestro empeño, a fin de proveer de herramientas ortográficas a los escritores y facilitar la lectura y comprensión de los textos.

Los diccionarios pretenden recopilar el léxico general de las lenguas habladas, y van dirigidos, fundamentalmente, a los hablantes cuya lengua materna recogen. El extremeño debe registrar la mayor selección posible de nuestro código verbal actual, de recobrar el que está en desuso, dialectalismos: voces y acepciones de uso local, regional o provincial, y aquellas que correspondan a varias áreas: vulgarismos, coloquialismos, arcaísmos, etc. Para que el diccionario de extremeño pueda servir como referencia tanto a escritores como a lectores.

"la distinción entre dialectalismo y vulgarismo se sitúa en un filo tan tenue que es fácil caer inconscientemente de uno u otro lado de modo indistinto".

Las gramáticas y los diccionarios generales son los que codifican la norma. Ofrecen una visión estática del idioma, a pesar de que éste no esté quieto en su vivir diario.

Comparto dos enlaces: Diccionario de equivalencias castellano-estremeñu y ortografía del extremeño. Por Ismael Carmona García, 2017.

DICCIONARIO DE EQUIVALENCIAS CASTELLANO-ESTREMEÑU (wordpress.com)

oscec-ortografia-del-extremec3b1o.pdf (wordpress.com)

 

Nuestros valores fundamentales son: la familia, la tierra, la lengua, la cultura, las costumbres, la gastronomía, la religión; incluso la “raza” castúa extremeña.

-En nuestro habla se expresa el alma-

Madrid, 24 de junio de 2021

Pedro Moreno «Parrina»

Bibliografía. Textos consultados y citados.

Diccionario de la Real Academia de la Lengua. Vigésimo segunda edición, 2001.

Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española. Manuel Seco Reymundo, editado por Espasa Libros S.L.U., 2011.

Diccionario de Citas, editado por Espasa Calpe S.A. 2004.

Otros.

 

Escribió José María Gabriel y Galán en su poema “Varón”: “Me jiedin los hombris que son medio jembras”. Una queja a su esposa sobre la educación que recibía su hijo.

Jedir, verbo en estremeñu o castúo, que significa: irritar, repeler, sacar de quicio… también: desprender mal olor.

Medio jembra, adjetivo con el significado de: blandengue, miedica, dubitativo… (Medio marica).

Cabrón” es una adaptación de ese poema, y comienza: «Me jiedin los hombris que son el mieo pa las jembras». Una queja sobre la violencia que ejercen algunos hombres contra mujeres y niños; esposas, exparejas e hijos.

 

Cabrón

¡Me jiedin los hombris

que son el mieo pa las jembras!

ca instanti las merman,

ca instante las persiguin,

ca instanti las insultan,

ca instanti las pegan,

esu no es ser hombri

ni tené agallas, na más juerza,

es ser un cobardi, un creminal,

un asesino ¡Esu es violencia!

Es pa apedrearlos i rompelis la jeta.

Cien vecis te ije

que no se lo dieras,

que al mozu lo hacían violento

las gentis aquellas.

Ahora ya lo vide, y a mí no me mandis

más vecis que güelva

a velo a la cárcel.

Te largas tú a velo,

que pue que no creas

que tu cuerpo ha parío aquel hombri,

ni que lo cebasti con tu lechi mesma,

ni que tiene metía en la entraña

sangri de mis venas.

N´amás de anirmarlu

a ser machu sin delicaeza.

que nus ha quedao el nuestru hijo

sin nuera, ca matao

a los sus hijos

i a la su mujé,

como él icía, a la su jembra.

Que nus ha dejao a nusotros.

sin nieto, sin nieta,

sin descendencia.

Se me encrespan los pelos con jierros

ca ve que lo piensu

que habemus callao, ni habemus denunciao

a la autoriá, tan siquiera.

¡Me jiedin esus machus,

que son como fieras,

animales pa mujeris y niños,

i se creen que son hombris, de veras!

Madrid, 21 de mayo de 2021

Pedro Moreno «Parrina»

Varón

¡Me jiedin los hombris
que son medio jembras!
Cien vecis te ije
que no se lo dieras,
que al chinquín lo jacían marica
las gentis aquellas.
Ahora ya lo vide, y a mí no me mandis
más vecis que güelva.
Te largas tú a velo,
que pue que no creas
que tu cuerpo ha parío aquel mozu,
ni que lo cebasti con tu lechi mesma,
ni que tieni metía en la entraña
sangri de mis venas.
N'amás de mimarros
y delicaezas
que ha queao lo mesmo que un jilo
paliúcho y sin chispa de juerza.
Ca instanti se lava,
ca instanti se peina,
ca instanti se múa
toa la vestimenta,
y se encrespa los pelos con jierros
que se lo retuestan,
y en los dientis se da con boticas
de unos cacharrinos que tieni en la mesa,
y remoja el moquero con pringuis
n'amás pa que güela
¡Jiedi a señorita
dendi media lengua!
Se levanta a las nuevi corrías
y a las doci lo mesmo se acuesta.
¡Va a ponersi pochu
si acotina de aquella manera!
¡Güeno está pa mandalo a bellotas,
pa ayualmi a escuajal en la jesa,
pa jacel un carguju de tarmas
y traelo a cuestas,
u pa estalsi cavando canchalis
dende que amaneci jasta que escurezca!
Los muchachos de acá me esconfío
que mos lo apedrean
cuantis venga jaciendo pinturas
u jablando de aquella manera:
y verás cómo el mozu no tieni
ni agallas ni juerza
pa el primero que quiera molarsi
rompeli la jeta.
Ya no dici padri,
ni madri, ni agüela.
«Mi papá, mi mamá, mi abuelita...»
así chalrotea,
como si el mocoso juesi un señoruco
de los de nacencia.
Ni mienta del pueblo, ni jaci otro oficio
que dil a una escuela
y palral de bobás que allí aprendí,
que pa na le sirvin cuantis que se venga.
Pa sabel sus saberis le ije:
«Sácame la cuenta
del aceiti que hogaño mos toca
del lagal po la parti que es nuestra.
Se maquilan sesenta cuartillos
p'acá parti entera,
y nosotros tenemos, ya sabis,
una media tercia
que tu madre heredó de una quinta
que tenía tu agüela Teresa».
¡Ya ves tú que se jaci en un verbo!
Sesenta la entera,
doci pa la quinta,
cuatru pa la tercia,
quita dos pa una media, y resultan
dos pa la otra media.
Pues el mozu empringó tres papelis
de rayas y letras,
y pa ensenrearsi
de aquella maeja,
ijo que el aceiti que a mí me tocaba
era «pi menus erre», ¿te enteras?
¡Pus pués dil jacindu
las sopas con ella!
¿Y esos son saberis?
¡Esas son fachendas!
No le quise mental del guarrapo
ni icile siquiera
que hogañazo vendimus el churru
pa comprar un cachuju de tierra.
¡Allí no se jabla
de esas cosas ni en ellas se piensa!
N'amás que se jaci comel confituras,
melcal vestimentas,
dirse a los cafesis,
dirse a las comedias
y palral de bobás que no valin
ni siquiá una perra
¡Jolgacián como el nuestro muchacho
no va a haberlo, si aquí no se enmienda!
Yo no lo distingo de otros señorinos
que con él se ajuntan y jolgacianean.
¡Son como maricas!
¡Juy, qué vestimentas!
Ves una persona
por detrás, en la calle, tan tiesa
y endi lejus no sabis de cierto
si es macho u es jembra.
Güelin a lo mesmu
como las ovejas,
y p'aquí no es asín, que ca cosa
güeli a su manera:
güeli a macho la carni de hombre,
y la carni de jembra da a jembra.
Hay que dil a buscar al muchacho
cuantis que se puea,
y le dicis a aquellos señoris
que esu no quita pa que se agraeza,
pero que a su padri le jaci ya falta;
y asín se la enreas.
No lo quió jolgacián, aunque muchos
saberis trujiera.
Y no es esu solu lo que a mí me enrita,
que otras cosas me jacin más mella...
Hay que dil a buscalo ca y cuando:
que venga, que venga;
porque, mira: ¡me jiedin los hombres
que son medio jembras!...

 


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