EL TONTAINAS

-NIVELES DE TONTUNA-

La lengua extremeña posee una gran riqueza lingüística como demuestran la ingente cantidad de apelativos que utilizamos para referirnos a una persona de forma despectiva, insultante, cariñosa, y a los estados físicos o psíquicos de la misma. En este escrito solo haré referencia a calificativos, utilizados entre críos y adolescentes principalmente, en relación a una persona: tonta, boba, torpe, inútil, ruda, terca o bruta, y los diferentes niveles de graduación que existen para cada uno de ellos. Si bien la entonación que damos a estos lo pueden convertir en un apelativo ofensivo o, por el contrario, afectuoso.

Los estados de tontuna de un tontainas o tonto cualquiera, de menor a mayor graduación, serían los siguientes:

Tontorroncinino,

tontorroncino,

tontorrinino,

tontirrinino,

tontinino,

tontino,

tontín,

tontito,

tontorroncete,

medio tonto,

tonto –a secas-,

tontón,

tontorrón,

tontorronzón,

mú tonto,

tonto perdío,

y: tonto del tó.

Se debe tener en cuenta que los añadidos mú, perdío y del tó siempre tienden a aumentar cualquiera de los niveles, lo admiten todos los estados de tontuna exceptuando el de medio tonto, que como su calificación indica es el nivel intermedio, a la espera de que la balanza se incline hacia un lado u otro. Así podemos decir:

mú tontorroncinino,

tontito perdío,

tontorronzón del tó.

De este modo podemos decir que alguien está ido o está tocao de la mollera, que está como una regaera, que tiene pocas luces, que es más bruto que un arao, o más torpe que un cerrojo, o que no sabe hacer la o con un canuto…, diciendo que es un-una o está: abobao, aborregao, alelao, amuermao, atolondrao, atontao, atontonao, atontocinao, atontorrillao, atostonao, destalentao, desatalantao, echapetao, eschapetao, empanao, trastocao, trastornao, tonto, chota, modorro, sunormal, zumbao…, entre otras lindezas.

O simplemente que es un-una: ajorcasopas, almendruco, anormal babieca, calambuco, calamí, cebollo, ceporro, bobo, borrego, bruto, burro, burranco, butrago, cabezón, cabezota, cachiporro, calamandrú, cazurro, cenutrio, cerrao, chamorro, cholondro, ciruelo, embécil, gansaparullo, garuto, idiota, insuso, inorante, juanbimba, jumento, lila, mameluco, moñigo, mochuelo, mostrenco, ñeco, paleto, palurdo, pepeleches, pamemo, pamplinas, pamplinero, porrúo, pringao, regaera, sapinote, sinsustancia, tarambana, tarambaina, tarugo, tontainas, tontolabas, torpe, torpón, zocato, etc...

 

LOS DIFERENTES NIVELES

El diminutivo se construye con el sufijo ino-ina, como por ejemplo: ceporrino-a, inorantino-a, mochuelino-a, trastornaino-a… que se refiere al nivel mínimo de tontuna, y que suelen utilizarse de forma cariñosa.

El superdiminutivo es un grado exclusivo extremeño, no lo admiten todos los apelativos, se construye a partir del diminutivo añadiendo el sufijo nino-nina: ceporrinino-a, tontinino-a, ignorantinino-a, cachiporrinino-a, cazurrinino-a.

Para el aumentativo utilizamos el sufijo ón-ona u ote-ota:

ceporrón-a, cebollón-a, burrancón-a, inorantón-a,

burrancote-a, brutote-a, etc..

El superaumentativo, grado igualmente exclusivo de nuestra tierra, se construye con mu, perdío y del tó.

Así podemos decir que alguien es:

mu ceporro, mu bruto, mu burro,

inorantón perdío, chonlondro perdío, burrancón perdío.

atontao del tó, empanao del tó o ceporrón del tó.

Nota aclaratoria:

Una tontá es una tontería, una idiotá -una idiotez-, dicha o hecha por un tonto o un cuerdo, mientras que la tontuna es un estado de trastorno o pérdida, normalmente leve, de la razón, que se desplaza con la persona.

        “Vaya tontá q´a soltao”

“Vaya tontuna que tienes encima”.

Hasta aquí hemos llegao, me voy con la tontería a otra parte.

Con todos mis respetos y sin ninguna otra pretensión que la de entretener a los lectores en estos difíciles días.

Madrid, 14 de marzo de 2020

Pedro Moreno Parrina

ME’STÁ ENTRANDO LA MODORRERA

Me’stá entrando la modorrera; tamién llamada «la modorra»; «qué peo tengo»; «me'stoy queando sobao»; o «qué cuesco me’stá entrando» es un no sé qué que te entra después de comé, que casi que ni se pué explicá, y que te quea jecho polvo. Algo así como un cansancio inmenso que se apodera de tó el cuerpo; una necesiá de cerrar los ojos; un menester de tumbarse un rato que obliga a quienes lo padecemos, o mejor dicho, lo disfrutamos, a «echar una cabezá o dar un cabezazo»; es decir: «acoscarse en el sofá o empiltrarse en la cama». Para los más puristas con bica, orinal o escupidera, incluía.

«Echarse un rato»; «quedarse sobao»; «recostarse un poquino»; «doblar la oreja»; «atostonarse o amuermarse un ratino»; o simplemente: «recostarse o arrecostarse» son algunas de las múltiples formas y maneras de referirnos a este algo tan español, tan nuestro, tan extremeño… Algo cuyos beneficios descubrieron hace poco tiempo “en el mundo desarrollado” y que los extremeños venimos desarrollando y conocíamos desde antaño, hace siglos, y continuamos hogaño llevándolo a efecto con toas y ca una, y hasta las últimas, de las consecuencias; sin importarnos onde ni aonde, o andiquiera que, estemos.

Tal vez, esta buena costumbre nació de la observación del comportamiento de los animales, que son sabios, los cuales; «en cuanto q’aprieta la caló», durante los meses de verano y primavera, buscan sombra; agachan la cabeza; se arrejuntan bajo cualquier encina, o árbol de la dehesa y esperan a que llegue la hora de la fresca.

Nusotros, en los meses de otoño e invierno, igualmente «nos quedamos traspuestos» cuando nos entra el calorcino del brasero por las pantorillas p’arriba y se nos apodera de tó nuestro cuerpo «la muerma».

Me’stá entrando la modorrera es un aviso, una alerta, una advertencia, para los convidaos «comensales» primerizos sentados a la mesa que sean forasteros o desconozcan nuestras costumbres. Entre nosotros no es necesario ni decirlo siquiera; con «me voy a echá un rato» ya está tó dicho…, pero para los foráneos: parejas, novios, amigos, etc., de extremeños, invitados a comé, es un anuncio de lo que ocurrirá a continuación; que reza así: “cuando menos os deis cuenta; tos los nacíos en esta tierra habremos desaparecío, sin que os apercibáis de ello y sin recoger la mesa ni ná”.

-Al rato, los sorprendidos primerizos preguntarán: -¿Dónde se han ido todos?

- A lo que los veteranos, entre risas, responderán: -Pues a dormir la siesta-.

Donde se ponga la siesta española, extremeña por tanto,

que se quite el sueño americano.

Madrid, 29 de enero de 2019.

Pedro Moreno Parrina.

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